Escribo de parejas, polìtica y lenguaje infantil

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jueves, 23 de julio de 2015

¿El habla de mi chamo es normal?

Algunos papás se preguntan si su hijo habla normalmente, o mejor adecuadamente, de acuerdo a la edad, porque, por ejemplo, tienen un niño de dos años que dice pocas palabras. Entonces, lo comparan con una sobrina de la misma edad que emite frases y las hila con cierta coherencia.
Lo cierto es que aunque cada niño tiene un desarrollo del lenguaje particular hay momentos culminantes que se distinguen por ciertas manifestaciones del lenguaje que, con su presencia o ausencia, nos dicen si el lenguaje empleado por el párvulo es o no adecuado, con relación a lo que se espera de acuerdo a su edad -como que al año el bebé pronuncie su primera palabra- para así descartar algún posible trastorno que, con el paso del tiempo, se convierta en un problema más difícil de resolver.
1      De los sonidos iniciales a la primera palabra
Antes de los doce meses, la primera manifestación importante de los niños es que utilizan la voz para comunicarse por su entorno, por ejemplo, en un primer momento, con el llanto que es la expresión previa al lenguaje que le permite comunicarse con quienes rodean al bebé. Con el llanto, el niño garantiza la supervivencia, ya que, mediante el mismo, el chamo busca satisfacer las necesidades biológicas, tales como comer, dormir o expresar si tiene frío o calor.
Luego, hasta los dos meses, con sonidos agudos, junto otros de arrullo y risas, que el bebé emite, a los que les sigue el gorjeo, en que ellos pronuncian algo como ajo, que va seguido de un juego vocal, en que los chamos emiten fonemas parecidos a las consonantes. Estos sonidos se producen hasta los cinco meses.
Asimismo, de los cincos meses en adelante hasta los nueve meses, el chamo comienza lo que se conoce como balbuceo, que es la emisión de sonidos en que el niño une fonemas, mezclando vocales con consonantes en una sílaba, en un intento de práctica para la pronunciación de lo que serán las palabras iniciales.
En el momento del balbuceo, el niño enlaza fonemas en una sílaba que la repiten, originando voces, sin entender lo que significan, como papá, mamá o tete, porque tan solo es la repetición de la misma sílaba, sin conciencia de su uso ni significado.
Seguidamente, aproximadamente, alrededor del primer año de vida, el chamo pronuncia lo que se conoce como la primera palabra, que se considera así porque los chamos la pronuncian de manera intencional, es decir, con sentido, están consciente de su significado y la dicen porque quieren decirla, con conciencia de su sentido. La dicen además para denominar algo o a alguien con su dedo, que pueden señalarlo o designarlo mientras lo miran. Le siguen a esa palabra inicial otras que, en su mayoría, son sustantivos que se refieren a comida, animales u objetos que el niño utiliza y partes del cuerpo, en fin, un vocabulario inmediato al niño.
2      Usando palabras y formando frases
De los doce a los dieciocho meses, los bebés entran en un período en que pronuncian una palabra que equivale a una frase, como mamá, por mamá está ahí.
Asimismo, en este momento culminante cercano a los dos años, el chamo debería seguir instrucciones u órdenes, con facilidad, como, por ejemplo, pásame un juguete. 
Entre los doce y los veinte meses, los niños dicen unas cuantas palabras. A los dieciocho, como alrededor de veinte. A los dos años, como unas cincuenta palabras. A esta edad los niños comienzan a combinar dos palabras, de modo muy sencillo, que funcionan al igual que una oración que se irá volviendo más compleja, tal como: bebé llora.
De igual manera, un niño de dos años debería identificar objetos de uso común e identificar partes de su cuerpo.
Entre los dos y los tres años, el vocabulario de los chamos aumenta significativamente. En ese período, ellos combinan tres palabras que equivalen a una frase. A los tres años, el niño debería identificar colores y algunas palabras que se utilizan para describir, como grande o pequeño.  
3      Algunas señales para preocuparse son:
Algunos motivos para preocuparse podrán ser las siguientes: cuando a los seis meses, un chamo no reaccionan cuando se le llama ni dirige la mirada hacia un ruido ni tampoco balbucea, o emite sílabas como “ba, ba, ba. Si a los doce meses, un chamo no hace uso de señales, como despedirse o señalar con la mano mientras que, a los dieciocho meses, el niño prefiere comunicarse con gestos que hablar, y no es capaz de seguir órdenes ni tampoco instrucciones sencillas.
De igual manera, a los dos años, el chamo no puede utilizar palabras o crear frases propias más allá de sus necesidades inmediatas sino que sólo imita las que escucha. No se le entiende lo que dice, ya que, por lo menos, más de la mitad de lo que emite se le debería entender, o tiene un tono de voz con una pronunciación diferente, por ejemplo, nasal.
Asimismo, entre los cuatro y los cinco años, a los chamos se les debería entender todo, incluso los extraños deberían entenderlo sin mayores esfuerzos. También deberán captar órdenes complejas, usar correctamente el tiempo pasado y conjugar verbos irregulares, como tener, por lo que, si no es así, es oportuno solicitar ayuda profesional.
En general, cuando el chamo muestra desinterés por comunicarse, se aísla de su entorno o su lenguaje después de los tres años es poco comprensible, en definitiva, hay motivos para solicitar ayuda especializada, para identificar la clase de trastorno, y asistirlo de manera adecuada antes de que esa dificultad se convierta en un gran problema.     
 4     Algunos consejos para los papás son:
  •    Siempre que te dirijas a él o ella, hazlo mirándole a los ojos; emplea frases muy    cortas y trata de vocalizar con claridad, para hacerte entender; y espera un tiempo breve para responderle cuando te pregunta algo.

            Llévale su mano a tu boca para que empiece a relacionar el movimiento de   tus labios con los sonidos que emites. De igual modo, llama su atención sobre sus objetos de uso cotidiano y pronúncialos muy bien. Y finalmente,  enséñale canciones infantiles muy repetitivas.

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